27 de septiembre de 2026

Científicos Innovadores Transforman Plástico en Deliciosas Galletas

La idea de que una botella de plástico pueda convertirse en un alimento, como una galleta, es el intrigante concepto que han explorado los investigadores de la Universidad del Sur de Illinois (SIU) Carbondale. Este proyecto busca revolucionar el reciclaje de desechos plásticos y agrícolas, transformándolos en ingredientes comestibles mediante el uso de microorganismos, como levaduras. Hasta el momento, el equipo ha desarrollado un producto conocido como µBites (pronunciado «microbaits»), unas galletas ricas en proteínas que podrían tener aplicaciones tanto en la Tierra como en ambientes extremos, como el espacio profundo o en regiones donde el acceso a alimentos sea limitado.

El proyecto forma parte de una iniciativa de la NASA denominada Deep Space Food Challenge. El doctor Lahiru Jayakody, investigador de Microbiología en SIU Carbondale, explica que el objetivo inicial era desarrollar tecnologías para el reciclaje creativo de plásticos, enfocándose en la producción de alimentos. “El plástico está compuesto de carbono, al igual que los alimentos”, añade Jayakody, lo que llevó a los investigadores a explorar esta conexión entre materiales desechados y la producción de comestibles.

El papel del tereftalato de polietileno en la investigación

Entre los materiales utilizados en este innovador proceso se encuentra el tereftalato de polietileno, más conocido como PET, el plástico que se emplea para fabricar millones de botellas de agua y refrescos anualmente. Aunque consumir PET puede sonar alarmante, los investigadores han encontrado una forma segura de hacerlo: mediante microorganismos genéticamente modificados que convierten las moléculas del plástico en ingredientes comestibles. “Los microbios son muy inteligentes”, afirma el profesor Jayakody, resaltando cómo estas pequeñas criaturas pueden ser parte de la solución a los problemas que la humanidad ha creado.

El primer paso en la elaboración de estas galletas implica someter el PET a un proceso llamado disolución hidrotermal oxidativa. Desarrollado por Ken Anderson, profesor de Geología en SIU Carbondale, este método utiliza agua y oxígeno a altas temperaturas y presiones para descomponer materiales resistentes, convirtiéndolos en compuestos que los microorganismos pueden asimilar.

Transformación de residuos en ingredientes comestibles

Una vez que los materiales han sido tratados, se introducen diferentes cepas de levaduras que han sido programadas para transformar estos compuestos en nuevos ingredientes. Estas levaduras tienen la capacidad de producir proteínas, grasas y ácidos, así como compuestos que mejoran las características de los alimentos. Las especies utilizadas en este proyecto incluyen Saccharomyces boulardii, S. cerevisiae y Rhodosporidium toruloides.

Con los ingredientes obtenidos del proceso, el equipo añade fibra, almidón y un edulcorante, y posteriormente utiliza una impresora 3D para extruir las galletas µBites. Los resultados iniciales han sido prometedores: las galletas son comestibles y no tóxicas, aunque los investigadores aún esperan la aprobación institucional para realizar pruebas de sabor. Las evaluaciones preliminares sobre el aroma han sido positivas, con la mayoría de los participantes expresando su disposición a consumirlas en situaciones de escasez de recursos.

Mejorando el sabor y la aceptación de las galletas

El siguiente desafío es hacer que estas galletas sean atractivas para el consumidor en condiciones normales. Para lograrlo, Jayasekara ha desarrollado levaduras que producen compuestos que mejoran el sabor, aroma y valor nutricional de las µBites. Por ejemplo, una cepa de levadura de pan puede generar vainillina a partir de biomasa vegetal, mientras que otra ha sido adaptada para convertir etilenglicol del PET en betacaroteno, un precursor de la vitamina A. “Estamos utilizando microbios para transformar la galleta en un producto más atractivo y fácil de consumir”, explica Jayasekara.

El objetivo final es que incluso más componentes de las µBites, como el almidón, la fibra y el edulcorante, sean producidos a través de microorganismos. Con la creciente cantidad de plástico en el mundo, el equipo confía en que las galletas podrían estar disponibles para el público en los próximos años. “Se prevé que la demanda mundial de alimentos aumente entre un 35% y un 56% para el año 2050, y que alrededor del 30% de la población mundial corra el riesgo de padecer hambre”, concluye Jayakody, apuntando a cómo los microbios podrían ser la clave para abordar la crisis alimentaria y la contaminación por plástico al mismo tiempo.

La investigación fue presentada recientemente en el evento ACS Fall 2026, organizado por la Sociedad Estadounidense de Química (ACS) en Chicago, del 23 al 27 de agosto.