Francesca Duncan, bióloga reproductiva de la Universidad Northwestern, inició un estudio sobre el estado de los ovarios tras la menopausia con la expectativa de encontrar poco interés en sus hallazgos. Durante la etapa reproductiva, los ovarios son órganos dinámicos que experimentan cambios constantes, pero se tiende a pensar que después de la menopausia, cuando la reserva de óvulos disminuye y la producción hormonal se reduce, se convierten en estructuras inactivas. “Supuse que simplemente estaban ahí, inertes”, reflexiona Duncan.
Sin embargo, su investigación reveló que los ovarios posmenopáusicos son todo menos inactivos. Al analizar la composición proteica de los ovarios de mujeres de entre 50 y 75 años, el equipo de Duncan encontró una variabilidad significativa en las características moleculares a lo largo del tiempo. Los ovarios de mujeres más viejas presentaban diferencias notables en comparación con los de mujeres de 60 o 70 años, lo que sorprendió a la investigadora. “Claramente, algo sigue ocurriendo”, señala.
Redefiniendo el papel de los ovarios en la salud femenina
Este descubrimiento invita a reconsiderar el ovario no solo como un órgano reproductor que pierde su funcionalidad con la menopausia, sino como un componente que puede influir en la salud general de la mujer e incluso en el proceso de envejecimiento mucho después de la fase fértil. Los científicos están comenzando a indagar si los cambios que sufren los ovarios tras la menopausia son perjudiciales, beneficiosos o una combinación de ambos, y cómo estas transformaciones evolucionan con el tiempo.
La subestimación del papel de los ovarios en la salud no es nueva. Durante años, los cirujanos realizaron histerectomías, eliminando órganos sanos bajo la creencia de que eran irrelevantes y solo presentaban riesgos de cáncer. Sin embargo, investigaciones de las últimas dos décadas han demostrado que la extirpación de ovarios sanos puede tener efectos adversos en la salud, incrementando riesgos de demencia, enfermedades cardiovasculares y mortalidad prematura.
Históricamente, el estudio de los ovarios se ha centrado en su función reproductiva, dejando de lado lo que sucede una vez que esa función se extingue. “Ni siquiera sabemos mucho sobre lo que hace el ovario premenopáusico más allá de la fertilidad”, comenta Jennifer Garrison, experta en envejecimiento ovárico y fundadora de una empresa de biotecnología dedicada a la salud femenina. La comprensión sobre la importancia de los ovarios después de la menopausia es bastante limitada, concluye.
Hormonas y su impacto tras la menopausia
Desde hace décadas, los investigadores han reconocido que los ovarios continúan produciendo hormonas, como testosterona y pequeñas cantidades de estrógeno, incluso después de la menopausia. Sin embargo, persisten discusiones sobre la relevancia clínica de estas hormonas. Se sabe que estas sustancias juegan un papel crucial en mantener aspectos como la libido, así como la masa ósea y muscular, aunque aún no está claro en qué medida las pequeñas cantidades producidas por los ovarios posmenopáusicos contribuyen a estos efectos.
Estudios han demostrado que las mujeres que se someten a una ooforectomía tienden a tener peores resultados en comparación con aquellas que conservan sus ovarios, especialmente si la extirpación sucede antes de que se produzca la menopausia natural. Un reciente estudio de neuroimagen por Pauline Maki, de la Universidad de Illinois en Chicago, indica que niveles más altos de estrógeno circulante después de la menopausia están relacionados con un mejor funcionamiento en tareas de memoria, aunque no se ha determinado claramente la fuente de ese estrógeno ni la contribución del ovario a estos niveles hormonales.
El impacto de la inflamación en los ovarios envejecidos
La investigación sugiere que, tras la menopausia, el cerebro puede reorganizarse para compensar la disminución de estrógeno. Maki plantea que la señalización ovárica podría influir en esta adaptación y que la terapia hormonal podría alterar la relación entre los ovarios, el estrógeno en el cuerpo y el cerebro. A pesar de la posible disminución en la importancia de la producción hormonal a lo largo del tiempo, algunos expertos sostienen que la extirpación de los ovarios tras la menopausia podría no ser la mejor opción, con excepciones para aquellas mujeres con un alto riesgo de cáncer de ovario.
La duración de la relevancia de los ovarios tras la menopausia y la variabilidad de la respuesta en mujeres individuales son cuestiones que siguen sin respuesta. Un estudio reciente ha revelado que los ovarios más envejecidos presentan patrones proteicos que indican un entorno más inflamatorio. Para profundizar en este aspecto, se realizó un análisis de ovarios de ratones, mostrando que los genes relacionados con la inflamación y la actividad inmunitaria se activan significativamente con la edad, lo que podría dar luces sobre los cambios moleculares observados en los ovarios humanos.
Investigaciones en curso: nuevos horizontes sobre los ovarios
David Pépin, biólogo reproductivo del Hospital General de Massachusetts y de la Facultad de Medicina de Harvard, está indagando si, a medida que los folículos que contienen los óvulos se van agotando, los ovarios reestructuran su función para mantener la producción hormonal. En estudios preliminares, ha observado que gatos que recibieron terapia génica para impedir la maduración de sus folículos continuaron produciendo hormonas en niveles normales, lo que sugiere una capacidad de adaptación del ovario.
Es posible que el estroma del ovario, el tejido que rodea a los folículos, asuma un papel importante en la producción hormonal posmenopáusica. Pépin señala que, aunque el estrógeno es fundamental, aún se desconoce el impacto de otras hormonas ováricas en la salud de las mujeres durante y después de la menopausia. “No es un órgano muerto”, concluye, subrayando la necesidad de explorar más a fondo el papel de los ovarios en la salud femenina en la vejez.

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