1 de octubre de 2026

Radiación y Demencia: ¿Aumenta el Riesgo de Enfermedades Cognitivas?

Radiación ionizante y su presencia en la vida cotidiana

La radiación ionizante es un fenómeno que se encuentra presente en diversos aspectos de la vida moderna. Esta forma de energía puede generarse a partir de procedimientos médicos como radiografías y tomografías, así como de ciertas actividades laborales o de fuentes naturales, siendo el radón uno de los ejemplos más comunes. El radón es un gas que carece de color, olor y sabor, lo que lo convierte en un riesgo poco perceptible para la salud. Recientemente, una revisión científica ha planteado la posibilidad de que la exposición acumulativa a este tipo de radiación esté vinculada a un aumento en el riesgo de desarrollar demencia.

El estudio, publicado en la revista Frontiers in Immunology, ha recopilado datos de investigaciones epidemiológicas y experimentales para evaluar el estado actual del conocimiento sobre esta posible conexión. Entre las evidencias más significativas se encuentra un metaanálisis realizado en 2023, que analizó 18 estudios y determinó un incremento del 11% en el riesgo de demencia por cada 100 milisieverts (mSv) de exposición acumulada. Esta unidad de medida se utiliza para expresar la dosis de radiación ionizante considerando su efecto biológico y es comúnmente empleada para cuantificar exposiciones laborales y ambientales.

Es importante destacar que este aumento del 11% representa un cambio relativo en el riesgo en comparación con el nivel de riesgo preexistente en la población estudiada. Esto significa que se trata de una referencia para evaluar cómo varía el riesgo entre diferentes niveles de exposición, en lugar de proporcionar una estimación concreta sobre la probabilidad individual de desarrollar demencia. Además, el metaanálisis incluyó estudios con diversas poblaciones, tipos de exposición y métodos de diagnóstico, abarcando demencias de diferentes orígenes y no limitándose únicamente al Alzheimer.

Características de la radiación ionizante

La radiación ionizante es una forma de energía de alta frecuencia que puede despojar electrones de los átomos, provocando alteraciones en moléculas como el ADN. Este tipo de radiación incluye no solo los rayos X y gamma, sino también varios tipos de partículas. Los efectos que produce dependen de diversos factores, como la dosis recibida, la duración de la exposición y el tipo específico de radiación a la que se está expuesto.

La cantidad de radiación y el tiempo de exposición pueden variar significativamente según el contexto. Por ejemplo, una tomografía de cabeza puede suponer una dosis aproximada de 2 mSv, mientras que algunos trabajadores en industrias que manejan materiales radiactivos pueden acumular exposiciones a lo largo de varias décadas. Las asociaciones más evidentes en relación con el riesgo de demencia provienen de personas que, debido a su trabajo, han estado expuestas a radiación durante períodos prolongados. Un estudio que analizó a más de 80,000 trabajadores de la industria nuclear en Francia encontró una correlación entre la dosis acumulada de radiación y la mortalidad por demencia y Alzheimer. Asimismo, otra investigación sobre empleados en plantas de procesamiento de uranio en Estados Unidos y Canadá reportó tasas de mortalidad superiores por estas patologías.

A pesar de estos hallazgos, es crucial interpretar los resultados con cautela, ya que los trabajadores de estos entornos también pueden estar expuestos a otros agentes tóxicos como metales pesados o disolventes, que podrían influir en su salud cognitiva. Un análisis indicó que estas exposiciones adicionales no explicaban por sí solas la relación observada, pero siguen siendo un factor relevante al considerar los resultados.

El papel de la proteína tau en la relación entre radiación y demencia

La revisión también busca abordar una cuestión más compleja: si realmente existe una asociación entre la radiación ionizante y el riesgo de demencia, ¿qué procesos se estarían llevando a cabo en el cerebro? Una de las hipótesis planteadas implica una proteína llamada CIRP, que normalmente se localiza dentro de las células. En situaciones de estrés celular, como el que puede causar la radiación, esta proteína puede migrar al exterior de la célula, donde se le denomina eCIRP, actuando como una señal que desencadena respuestas inflamatorias.

Experimentos realizados en animales han demostrado que la radiación ionizante provoca daño en el ADN y estrés oxidativo, lo que a su vez activa células inmunitarias en el cerebro y aumenta la liberación de eCIRP. Este proceso inicia una serie de reacciones que favorecen la fosforilación de tau, una proteína estrechamente vinculada al Alzheimer. La proteína tau es fundamental para mantener la estructura interna de las neuronas, pero en el contexto del Alzheimer, puede experimentar modificaciones anormales, formando ovillos neurofibrilares, que son característicos de la enfermedad.

En uno de los estudios revisados, los ratones expuestos a radiación mostraron un incremento en la fosforilación de tau. Interesantemente, cuando los investigadores bloquearon la acción de eCIRP con un compuesto experimental, esta alteración disminuyó. Asimismo, en ratones modificados para no producir CIRP, se observó un efecto similar. Esto sugiere que esta proteína podría desempeñar un papel crucial en la cadena de reacciones a través de las cuales la radiación afecta a tau.

Retos en la investigación y futuro de los estudios sobre radiación

A pesar de los avances en la identificación de este mecanismo, es fundamental señalar que los experimentos que han permitido establecer esta conexión se han llevado a cabo utilizando dosis de radiación significativamente más altas y en períodos de tiempo mucho más cortos que aquellos que se observan en exposiciones ambientales u ocupacionales comunes. La revisión advierte que aún se desconocen los efectos que podría tener el organismo al recibir dosis bajas de radiación de manera continua a lo largo de años o décadas.

En conjunto, los resultados sugieren una posible relación entre la exposición acumulada a radiación ionizante y el riesgo de demencia, aunque quedan muchas preguntas por resolver. Los estudios en humanos muestran una asociación, mientras que los experimentos en modelos animales ayudan a desentrañar los mecanismos a través de los cuales la radiación podría inducir inflamación y alteraciones en la proteína tau. Sin embargo, aún se necesita investigar si estos procesos se producen también en personas que han estado expuestas a dosis bajas de radiación durante largos períodos y cómo interactúan con otros factores genéticos, ambientales y relacionados con la edad en el desarrollo del Alzheimer.