2 de octubre de 2026

Extinción Cero: El Santuario que Salva al Lobo Mexicano de la Desaparición y el Olvido Político

El inicio del día en el Santuario Extinción Cero

A las 4:30 de la mañana, Irma Macedo se prepara para emprender su viaje desde la Ciudad de México hacia el Santuario Extinción Cero, ubicado en el Estado de México. Su trayecto de aproximadamente dos horas requiere que salga antes de las seis, con la esperanza de evitar el tráfico matutino. Al llegar al santuario, se encuentra con su equipo para realizar un chequeo de los animales y planificar las actividades del día.

En una zona boscosa del santuario, rodeada de árboles y vegetación exuberante, habita una familia de ocho lobos mexicanos: una pareja adulta y seis de sus crías. Este grupo se mueve por un área cercada de aproximadamente 4,700 metros cuadrados, donde sus pelajes en tonos grises, marrones y negros contrastan con el verdor del entorno, mientras sus hocicos alargados, orejas erguidas y ojos color ámbar se destacan entre el follaje.

Desde el año 2024, Macedo, quien es abogada de profesión, lidera Extinción Cero. Su vínculo con la conservación del lobo mexicano comenzó hace más de diez años, mucho antes de que el santuario adoptara su nombre actual. Su labor se inscribe en un esfuerzo conjunto entre México y Estados Unidos, que ha permitido el regreso de esta especie a regiones donde había desaparecido. “Formamos parte de las 24 instituciones que cuidamos del lobo mexicano en el país”, comparte en una reciente entrevista.

Desafíos en la conservación del lobo mexicano

Recientemente, ha surgido una inquietud respecto a las medidas de conservación de la especie. A principios de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó revisar si el lobo mexicano y el lobo gris cumplen los requisitos para reducir o eliminar sus protecciones federales, como parte de una estrategia que busca apoyar a la industria ganadera estadounidense. Esta decisión ha generado alarma entre quienes, como Irma, trabajan arduamente por la preservación de un depredador que estuvo al borde de la extinción tras décadas de persecución, especialmente debido a conflictos con la ganadería.

En Extinción Cero, la dieta de los lobos incluye croquetas, carne de cerdo, pollo y, en ocasiones, truchas. También crían conejos que forman parte de su alimentación. “Les proporcionamos alimentos que les recuerden lo que podrían cazar en su hábitat natural”, detalla Macedo.

Don Toño, un hombre de más de 70 años, junto a otro Toño más joven, se encarga del cuidado diario de los lobos, con la ayuda del veterinario Herbe Monroy. María José, hermana de Irma, se ocupa de la administración del santuario, mientras que Irma coordina las actividades. “La realidad es que somos un equipo pequeño”, señala. “Somos los más limitados en recursos, espacio y edad”.

Un enfoque educativo y la importancia de la comunidad

Irma y María José visitan el santuario semanalmente, donde se reúnen con los Toños para poner al día sobre el estado de los lobos y las necesidades del lugar. “Revisamos el suministro de agua, electricidad, y cómo han estado los animales,” explica Irma.

Extinción Cero es parte de un programa binacional que involucra alrededor de 60 instituciones de México y Estados Unidos, encargándose del cuidado de los lobos, mientras que las decisiones sobre su reproducción y posibles traslados se coordinan con especialistas de ambos países.

A pesar de su experiencia, Irma evita acercarse a los lobos más de lo necesario, prefiriendo que aquellas personas que tienen menos oportunidades de conocerlos puedan observarlos durante las visitas. “Una parte del programa binacional es mantener al lobo lo más alejado posible del ser humano y de la urbanización, para que permanezca lo más silvestre posible”, detalla.

No obstante, esta estrategia presenta un desafío: Irma desea que los visitantes se interesen por la especie y su recuperación. Para ello, incluye en las actividades educativas varios perros-lobo rescatados, a quienes considera sus “embajadores”.

La historia y el impacto del lobo mexicano

El lobo mexicano, conocido como cuetlachtli en náhuatl, ha tenido una rica historia en México. En tiempos prehispánicos, era un símbolo de fuerza y poder. Estudios realizados por investigadores de la UNAM han documentado su importancia cultural, evidenciada en fuentes históricas como el Códice Florentino, que registra el uso de pieles de lobo en ceremonias.

Esta subespecie de lobo gris es la más pequeña de su tipo y solía habitar bosques y pastizales en México y el suroeste de Estados Unidos. Sin embargo, durante el siglo XX, los conflictos con la ganadería llevaron a campañas para erradicarlo, lo que resultó en una disminución drástica de su población hasta casi desaparecer en la década de 1970.

La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) explica que, con la reducción de su hábitat y la escasez de presas naturales, algunos lobos comenzaron a alimentarse de ganado, intensificando así su persecución. “No podemos pedirle a un depredador que actúe de otra manera”, comenta Macedo, reconociendo que este conflicto persiste.

Esfuerzos de conservación y la situación actual

Para prevenir la extinción del lobo mexicano, especialistas de México y Estados Unidos iniciaron un programa de reproducción en cautiverio. En 1982, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. aprobó el primer plan de recuperación de la especie, y los primeros lobos fueron reintroducidos en el territorio estadounidense en 1998, seguido de la primera liberación en México en 2011.

Todos los lobos mexicanos actuales descienden de solo siete fundadores. La familia que reside en Extinción Cero se integra en esta historia de recuperación. Para evitar problemas de endogamia, se estudia su información genética y se coordinan emparejamientos entre instituciones. Sin embargo, no todos los lobos nacidos en cautiverio pueden ser reintroducidos, ya que deben cumplir con ciertos requisitos de comportamiento y condiciones de hábitat.

En marzo de 2026, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reportó la existencia de 107 lobos mexicanos bajo cuidado profesional. En libertad, la población es considerablemente menor; se estima que quedan entre 25 y 35 en México, aunque no hay un conteo nacional actualizado. En Estados Unidos, el conteo oficial en Arizona y Nuevo México registró al menos 319 lobos mexicanos en libertad a finales de 2025. Sin embargo, Irma enfatiza que aumentar estas poblaciones es solo una parte del trabajo: “No sirve de nada liberar 15 animales si no pueden reproducirse entre ellos, si no tienen alimento o si no cuentan con un hábitat adecuado”.

El rol del lobo en el ecosistema

El lobo mexicano, como depredador ápice, tiene un impacto significativo en la dinámica de su ecosistema. Su presencia puede influir en las poblaciones y comportamientos de otras especies, especialmente de los herbívoros. “Si los herbívoros se alimentan siempre en el mismo lugar, acaban desertificando el área”, explica Irma. La presencia del lobo puede alterar estas rutinas, ya que el riesgo de ser cazados lleva a los herbívoros a desplazarse, permitiendo que la vegetación se recupere.

Este efecto se extiende a otras especies que dependen de la vegetación para alimentarse y refugiarse. “Los cambios en el comportamiento de los herbívoros pueden repercutir en toda la red trófica”, subraya Irma. Sin embargo, estos efectos no son uniformes en todos los bosques; dependen de las condiciones del territorio y de la disponibilidad de presas.

Además, la conservación del lobo implica proteger su hábitat. “Conservar al lobo no solo significa proteger al animal, sino también su entorno”, recalca Irma. Esta responsabilidad abarca desde los bosques y praderas donde se realizan las liberaciones hasta las comunidades que coexisten con estos grandes depredadores.

Desafíos políticos y económicos en la conservación

La reciente orden ejecutiva firmada por Trump establece un plazo de 90 días para que el Departamento del Interior evalúe si el lobo gris y el lobo mexicano cumplen los criterios para modificar o eliminar sus protecciones bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción. Aunque esta revisión no elimina las protecciones actuales ni autoriza la caza, podría facilitar cambios en las regulaciones.

El gobierno estadounidense justifica estas medidas como parte de una estrategia para apoyar a la industria ganadera, ya que los ataques de depredadores pueden causar pérdidas