La experiencia de Colleen Golja en simulacros de guerra climática
Colleen Golja, investigadora climática, siempre había concebido que la ciencia y la razón prevalecerían en la toma de decisiones sobre el futuro del planeta. Sin embargo, su percepción cambió drásticamente tras asistir a un simulacro de guerra en Londres, donde se abordó la posible carrera global por desarrollar tecnologías de enfriamiento del planeta. «Pensaba que sería algo muy sencillo. Todos nos pondríamos de acuerdo para llevar a cabo una investigación ética y asegurarnos de que fuera por el bien de toda la humanidad. Vaya que me equivoqué», reflexiona Golja.
La simulación, denominada «Exploración de puntos de inflexión geopolíticos y estrategias de enfriamiento climático», reunió a expertos en relaciones internacionales, científicos y exfuncionarios de diversas partes del mundo en la Universidad Queen Mary de Londres. Cada participante representaba a un país o entidad, lo que creaba un microcosmos de las tensiones y desafíos que rodean la geoingeniería solar.
Desentrañando la geoingeniería solar
El propósito del simulacro era examinar la respuesta global a tecnologías de «modificación de la radiación solar», que prometen mitigar el calentamiento global mediante la reflexión de parte de la luz solar. Esta técnica, que podría incluir la dispersión de partículas en la atmósfera, tiene efectos de enfriamiento temporales, similares a los que se producen tras grandes erupciones volcánicas. Sin embargo, sus consecuencias son inciertas y potencialmente desiguales, afectando de manera distinta a diversas regiones del mundo.
La preocupación principal radica en que el efecto de enfriamiento solo se mantendría mientras se continúe con la geoingeniería. Una vez interrumpida, la temperatura podría volver a aumentar drásticamente, con repercusiones impredecibles. Este dilema ha llevado a que, recientemente, la geoingeniería solar pase de ser un campo especulativo a una oportunidad comercial atractiva, con empresas como Stardust Solutions recaudando millones para investigar estos métodos.
Tensiones geopolíticas en el camino hacia la regulación
La simulación también puso de manifiesto el inminente desafío de regular esta tecnología. Cynthia Scharf, exasesora de la ONU, advirtió que las decisiones sobre la gobernanza de la geoingeniería solar deben ser tomadas en la próxima década, no en quince años. En este contexto, la profesora Danielle Young organizó el simulacro que se desarrolló a través de reuniones simuladas en varios momentos temporales, donde se presentaron avances tecnológicos y tensiones crecientes.
Desde el inicio, la desconfianza y la desinformación dominaron las interacciones. Los representantes de EE. UU. y China se mostraron reacios a firmar un acuerdo que limitara su investigación, argumentando que sus intereses nacionales estaban en juego. Esta dinámica de competencia condujo a una escalada de tensiones, incluyendo acusaciones y rumores sobre programas de geoingeniería secretos, lo que culminó en la ruptura de las negociaciones.
El papel de la ciencia en la toma de decisiones
A pesar de su papel como asesora técnica, Golja se sintió frustrada al observar que los debates estaban dominados por posturas políticas por encima de la evidencia científica. Su intento de presentar un «emulador» que mostrara los efectos de la modificación de la radiación solar fue ignorado, y las preguntas que recibía a menudo eran capciosas, orientadas a fortalecer posturas de los países que representaban.
Durante el último día de la simulación, cuando se reportó la detección de aerosoles en el aire, se evidenció la necesidad de una red de vigilancia global para evitar experimentos secretos. A pesar de su relevancia, Golja se encontró nuevamente en medio de tácticas manipulativas, donde la influencia de intereses económicos, especialmente de la industria de combustibles fósiles, intentó socavar su credibilidad y la de la ciencia en general.
Un panorama desalentador para la cooperación internacional
Los intentos de los países europeos y Canadá por establecer salvaguardias y fomentar la investigación científica abierta se estancaron debido a la rivalidad estratégica. Al final de la simulación, el consenso fue inalcanzable, y los participantes abandonaron la sala con la sensación de haber fracasado en su misión. Los organizadores concluyeron que la competencia geopolítica había sido el motor de la dinámica, eclipsando las preocupaciones climáticas.
Este simulacro no solo reflejó las tensiones actuales, sino que también resonó en el mundo real. A medida que se intensifican los problemas climáticos, Golja se replantea su papel en la ciencia y considera volver a su hogar en Connecticut para contribuir a proyectos locales de adaptación al cambio climático. «Ahora lo siento un poco más personal», concluye, reconociendo que la lucha por un futuro sostenible está profundamente entrelazada con intereses geopolíticos y económicos.
