21 de octubre de 2026

Ameba «comecerebros» en Yucatán: Entendiendo el riesgo de una enfermedad letal y su impacto real en la salud pública

Alarmante hallazgo en los lagos de Mérida

La reciente detección de amebas del género Naegleria en seis lagos artificiales de Mérida, Yucatán, ha suscitado preocupaciones en el ámbito sanitario. Este brote se vuelve aún más significativo tras la trágica muerte de un hombre de 34 años en septiembre, quien perdió la vida a causa de una infección provocada por Naegleria fowleri, conocida coloquialmente como la ameba «comecerebros». Este microorganismo es capaz de causar una enfermedad devastadora que afecta el tejido cerebral, presentando una tasa de letalidad superior al 97%, aunque las infecciones en humanos son excepcionalmente raras. Ante este panorama, surge la pregunta: ¿qué tan grave es realmente este descubrimiento y quiénes están en riesgo?

El 14 de octubre, los Servicios de Salud de Yucatán (SSY) comunicaron que seis de los nueve lagos artificiales analizados en Mérida resultaron positivos para la presencia de Naegleria. Entre los cuerpos de agua afectados se encuentra el lago de Plaza La Isla, donde se realizaron actividades acuáticas por parte del hombre fallecido, y otros dos lagos del complejo Cabo Norte, así como los situados en el Zoológico del Centenario, el Gran Parque La Plancha y el Parque Ecológico del Poniente. En respuesta, las autoridades han restringido el contacto con el agua y han comenzado labores de limpieza, aunque los parques y zoológicos permanecen abiertos al público.

La naturaleza de la ameba «comecerebros»

Naegleria fowleri es una ameba unicelular que habita de manera natural en aguas dulces cálidas, como lagos, ríos y manantiales. Según el profesor Mauricio Rodríguez Álvarez, experto en epidemiología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esta ameba se distingue de las bacterias por ser un organismo eucariota, lo que implica que sus células poseen un núcleo definido y son más complejas. La Naegleria puede adoptar diversas formas durante su ciclo de vida y se encuentra en los sedimentos de cuerpos de agua naturales o, en ciertas condiciones, en albercas y lagos artificiales.

Las condiciones de calor, estancamiento del agua y la presencia de materia orgánica favorecen la proliferación de esta ameba. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. han documentado su presencia en instalaciones recreativas con un mantenimiento deficiente. La infección ocurre cuando el agua contaminada entra por la nariz, lo que puede suceder al nadar o practicar deportes acuáticos. Desde ahí, la ameba puede acceder al cerebro a través de la zona del nervio olfatorio, que es crucial para la percepción de olores.

Consecuencias de la infección por Naegleria fowleri

Una vez que la ameba llega al cerebro, puede causar meningoencefalitis amebiana primaria (MAP), una infección que provoca inflamación en las membranas que rodean el cerebro (meninges) y daña el tejido cerebral. Los síntomas iniciales suelen incluir fiebre, dolor de cabeza intenso, náuseas y vómitos. A medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer rigidez de cuello, confusión, convulsiones y pérdida de la conciencia. Según los CDC, la mortalidad generalmente se produce entre uno y 18 días después del inicio de los síntomas, con un promedio de alrededor de cinco días.

Es importante destacar que la infección no se contrae al beber agua contaminada ni se transmite de persona a persona, lo que significa que estar cerca de un lago donde se ha detectado la ameba no implica necesariamente un riesgo de infección.

Riesgos y retos en el tratamiento

A pesar de ser una infección poco común, la MAP es una de las más mortales conocidas. Un estudio de 2021 documentó 381 casos de MAP en 33 países hasta 2018, donde 348 de estos pacientes fallecieron. En México, se han reportado casos de MAP, con un total de 16 entre 2015 y 2025. La mayoría de estos casos ocurrieron en Guerrero, mientras que Yucatán reportó su primer caso confirmado en 2026.

Rodríguez Álvarez señala que la elevada tasa de mortalidad se debe a varios factores. La enfermedad es tan infrecuente que muchos médicos no la consideran al evaluar a un paciente con síntomas de meningitis. Además, sus síntomas iniciales pueden confundirse con otras infecciones, lo que complica un diagnóstico temprano. A pesar de que existen pruebas de laboratorio y algunos tratamientos han mostrado eficacia, la naturaleza rara de la enfermedad dificulta su estudio y el desarrollo de nuevas terapias.

Medidas preventivas y regulación en Yucatán

Tras descubrir la presencia de Naegleria, el gobierno de Yucatán ha tomado medidas para restringir el contacto con el agua de los lagos afectados y ha implementado trabajos de limpieza en colaboración con especialistas. Se prevé que se establezcan nuevas regulaciones para supervisar las condiciones de los lagos artificiales. Rodríguez Álvarez sugiere que es fundamental llevar a cabo revisiones periódicas de la calidad del agua y los microorganismos presentes, así como considerar la instalación de sistemas que mejoren la circulación y oxigenación del agua.

En el caso del lago de Plaza La Isla, la empresa responsable de las actividades acuáticas fue multada con 2.1 millones de pesos debido a irregularidades sanitarias, que incluían deficiencias en la limpieza y en el mantenimiento del agua. Además, se recomienda realizar pruebas específicas para detectar Naegleria fowleri en lugares donde se han reportado infecciones.

La importancia de la información y la educación

La situación en Yucatán resalta la necesidad de una comunicación clara sobre los riesgos asociados a la ameba Naegleria fowleri. Es esencial que la población comprenda que, aunque la presencia de la ameba puede generar alarma, la infección requiere condiciones específicas para ocurrir. Informar adecuadamente sobre el contexto de los casos y las medidas preventivas puede ayudar a mitigar el miedo y promover una comprensión más precisa del riesgo real.

Rodríguez Álvarez concluye enfatizando que es vital brindar información clara y precisa para que la población esté informada sobre los riesgos reales asociados a esta ameba, evitando así la creación de alarmas innecesarias y proporcionando un entendimiento adecuado de cómo prevenir posibles infecciones.