27 de septiembre de 2026

Creé clones de inteligencia artificial de mis colegas para mejorar la productividad, pero el resultado fue inesperado

La Experiencia de Crear Bots de IA para la Edición

La motivación detrás de la creación de clones de IA

Cuando decidí desarrollar clones de mis editores utilizando inteligencia artificial, lo hice con la intención de mejorar mi imagen profesional. La presencia de asistentes de IA en el ámbito laboral es cada vez más común, y mi correo se llena semanalmente de comunicados sobre trabajadores digitales. Muchos ejecutivos alardean de que estos robots pronto serán fundamentales en sus equipos. He escuchado relatos sobre individuos que crean versiones de IA de sus jefes para perfeccionar ideas y mensajes antes de presentarlos a sus superiores humanos. Este enfoque busca, en última instancia, aumentar la productividad y optimizar el rendimiento laboral.

Mi interés en los bots no era necesariamente mejorar los resultados de Condé Nast, sino crear una percepción positiva de mí misma. Tras unos meses escribiendo sobre el futuro del trabajo en WIRED, pensé que los bots podrían ayudarme a adaptarme y entender mejor a mis editores, sus preferencias y la naturaleza del éxito en nuestro entorno. ¿Qué mejor manera de comprender el futuro del trabajo que experimentándolo de primera mano?

La recepción de la idea por parte de mis editores

Cuando presenté mi propuesta a Brian Barrett y Sophie Kleeman, su reacción no fue de entusiasmo. Brian, en una conversación por Slack, expresó su descontento: “Esta es una de mis pesadillas, pero lo haré por el bien del blog”. Menos de 24 horas después, se dio cuenta de que podría lamentar su decisión.

Al iniciar mi proyecto con los bots, carecía de experiencia en la creación de herramientas de IA. Decidí no ser demasiado crítica con sus habilidades editoriales, evitando así que mis propias limitaciones tecnológicas influyeran en el resultado. Pensaba que si los bots podían ayudarme a ser una mejor colega, eso sería suficiente.

El proceso de creación de Brian Bot

Opté por usar Gemini, la plataforma de IA preferida por Condé Nast, para crear a Brian Bot, mi jefe y la figura más importante a impresionar. Conocía algunos datos sobre él, como su lugar de residencia, su experiencia en Gizmodo y su preferencia por los blogs. Gemini parecía capaz de completar la información faltante basándose en su huella digital, aunque más tarde descubrí que parte de la información provenía de otro Brian Barrett, lo que llevó a ajustar mi enfoque.

Gemini generó una “Guía de estilo de escritura y edición”, así como un “Dossier editorial” que reflejaba la vida real de Brian. Aunque cumplía su función al ayudarme a elegir titulares, su capacidad para generar ideas para nuevos artículos era limitada. Sus respuestas, aunque captaban algunos rasgos de Brian, estaban llenas de características típicas de la IA, como el uso excesivo de listas con viñetas.

La curiosa naturaleza de Brian Bot

Un aspecto que me sorprendió fue su estilo de liderazgo “Sí, y…”, que se asemeja a las técnicas de improvisación teatral. Cuando lo cuestioné, descubrí que efectivamente era cierto, lo que llevó a Brian, el humano, a desconectar a su versión de IA. Sin embargo, Brian Bot continuó teniendo sus momentos. Cuando le pregunté sobre lo que más le gustaba de WIRED, respondió con frases que carecían de autenticidad y reflejaban más su programación que la verdadera personalidad de Brian.

Con la intención de mejorar su desempeño, investigué más sobre trabajadores digitales y consulté a un conocido, quien compartió su experiencia utilizando Gem para interactuar con su jefe. Su bot era capaz de revisar documentos y ayudarlo a prepararse para reuniones, lo que lo hacía más eficiente. Sin embargo, el bot de Brian carecía de información suficiente y no quería comprometer la privacidad ni las políticas de mi empresa.

La llegada de Sophie Bot

Con el objetivo de optimizar mi experiencia, decidí crear a Sophie Bot, con quien tenía una relación más cercana. Nos conocimos en 2019 y nuestras interacciones han sido numerosas. Sin embargo, fui cautelosa al subir información a la herramienta de IA y solo proporcioné un mes de nuestras conversaciones, evitando datos sensibles. A partir de eso, Gemini generó un nuevo bot que reflejaba algunos de sus rasgos.

Desde el primer mensaje, quedó claro que Sophie Bot era efectiva en imitar a Sophie. A medida que interactuaba con ella, me encontraba disfrutando de la dinámica, especialmente cuando Brian Bot se ajustó más al estilo de su homónimo humano.

Reflexiones sobre la interacción con los bots

A pesar de que ambos bots ofrecían sugerencias útiles, surgió la inquietud sobre su capacidad para replicar la esencia de sus contrapartes humanas. Sophie, la real, comentó que su versión de IA a menudo la imitaba, lo que resaltaba aún más las limitaciones de los bots. La IA puede ser útil, pero sus respuestas se volvían repetitivas y carecían de la creatividad que se espera de un verdadero colega.

Conforme pasaba el tiempo, mi frustración crecía. Las diferencias entre Sophie Bot y la verdadera Sophie se hicieron más evidentes, y aunque la IA podía realizar tareas básicas, no lograba superar ciertos obstáculos que limitaban su utilidad. A medida que continuaba experimentando, me daba cuenta de que la interacción con los bots no solo era una búsqueda de eficiencia, sino también un ejercicio de reflexión sobre la naturaleza humana en el entorno laboral.

La visión futura de compañeros de trabajo con IA

En conversaciones con expertos sobre el futuro de la IA en el trabajo, se mencionó que pronto podríamos ver más empleados de IA que humanos en muchas empresas. Aunque esta perspectiva puede parecer fascinante, la idea de reemplazar el juicio humano y la creatividad con algoritmos plantea serias dudas sobre la calidad del trabajo. Durante mi experiencia, tanto Brian Bot como Sophie Bot fueron útiles en ciertos momentos, pero su capacidad para reemplazar la esencia de un editor humano sigue siendo limitada.

Al final, aunque los bots no lograron completar mi trabajo, la experiencia me permitió imaginar un futuro donde la colaboración entre humanos y agentes de IA sea posible. Aprendí que, si bien la IA puede facilitar algunas tareas, aún no puede replicar la complejidad y la intuición que aportan los seres humanos al entorno laboral.