La Revolución Socialista de Allende y su Contexto Político
En 1970, Chile inició un ambicioso experimento político que generó inquietud en Washington: la búsqueda de un camino democrático hacia el socialismo. La elección de Salvador Allende como presidente marcó el inicio de un proceso destinado a transformar la estructura económica del país, manteniendo a la vez las instituciones democráticas, las libertades civiles y el Estado de derecho. Este proyecto, conocido como «la vía chilena al socialismo», dio paso a diversas iniciativas de planificación central, entre las que destacó un singular experimento para su época: el proyecto Cybersyn.
Cybersyn fue concebido como un sistema que integraría computadoras, redes de comunicación y principios de cibernética con el objetivo de ayudar al gobierno a gestionar una economía cada vez más controlada por el Estado. Hoy se le conoce como “internet socialista” o “el internet de Allende”, aunque su historia es poco divulgada, incluso en Chile. Es interesante imaginar la sorpresa y escepticismo de las generaciones más jóvenes al descubrir que un gobierno latinoamericano en los años 70 intentó implementar un proyecto socialista respaldado por una visión futurista y la tecnología de aquel entonces, que no era precisamente la más avanzada. Sin embargo, el gobierno chileno se lanzó a esta audaz aventura.
Las Raíces del Internet Socialista
El panorama político en América del Sur a inicios de los años 70 era complejo y marcado por tensiones. Chile se destacaba en la región por su larga tradición democrática, habiendo disfrutado de 40 años de gobiernos democráticos ininterrumpidos, algo insólito en su contexto geográfico. Sin embargo, también era un campo de batalla en la Guerra Fría. Mientras naciones vecinas como Paraguay y Brasil estaban bajo dictaduras militares en estrecha colaboración con Estados Unidos, la administración de Richard Nixon observaba con creciente inquietud el ascenso de Allende. Entre 1962 y 1969, Washington había invertido más de mil millones de dólares en asistencia a Chile a través de la Alianza para el Progreso, un programa diseñado para evitar que los sectores populares se inclinaran hacia el comunismo, dado el impacto que esto podría tener en sus intereses económicos, especialmente en la minería del cobre.
Tras la elección de Allende, Estados Unidos adoptó una postura más agresiva para frenar la consolidación del socialismo chileno, apoyando a partidos y medios opositores, reduciendo la ayuda económica y dificultando el acceso de Chile al crédito internacional. En paralelo, el gobierno de Unidad Popular avanzaba rápidamente en la nacionalización de empresas, trasladando al sector público las principales compañías mineras y numerosas industrias cruciales. Este giro económico planteó a Allende un dilema práctico: ¿cómo administrar un sector estatal en expansión? La solución que algunos funcionarios empezaron a explorar fue la cibernética, una disciplina científica emergente que estudiaba los mecanismos de comunicación y control en sistemas complejos.
La Contribución de la Cibernética al Proyecto Cybersyn
Eden Medina, investigadora del Programa de Ciencia, Tecnología y Sociedad del MIT, relata esta intrigante historia en su obra «Cybernetic Revolutionaries: Technology and Politics in Allende’s Chile». Aunque Salvador Allende era la figura emblemática del gobierno de Unidad Popular, otros personajes jugaron roles cruciales en esta narrativa. Medina destaca a Fernando Flores, un ingeniero que ocupaba un cargo relevante en la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). En julio de 1971, Flores se puso en contacto con Stafford Beer, un destacado científico británico especializado en cibernética aplicada a la gestión empresarial, para explorar cómo aplicar sus ideas a la economía nacional. Beer aceptó la invitación y llegó a Chile como consultor del gobierno cuatro meses después.
Beer expresó su entusiasmo en una carta a Flores, indicando que renunciaría a otros contratos por la oportunidad de participar en este innovador proyecto. La propuesta de Beer se basaba en su comprensión del sistema nervioso humano: un sistema complejo puede funcionar de manera más efectiva al equilibrar el control centralizado con la autonomía local. En lugar de que el gobierno supervisara cada actividad económica, la cibernética permitiría recopilar información, identificar problemas y enfocar los esfuerzos en los sectores que más lo necesitaban. Así nació el Project Cyberstride, un sistema de información y control para la economía industrial.
Desarrollo y Ejecución de Cybersyn
El proyecto debía operar a pesar de las limitaciones tecnológicas y económicas que enfrentaba Chile en ese momento. El país contaba con solo cuatro computadoras centrales, todas muy demandadas, y Beer logró obtener acceso a una de ellas. Para conectarla con las industrias nacionalizadas, el equipo utilizó máquinas de télex interconectadas mediante redes telefónicas, satelitales y de microondas. Entel poseía 400 máquinas de télex que habían sido adquiridas en la década anterior y nunca instaladas. Esto permitió construir una red nacional sin depender de nuevas importaciones, una necesidad crítica dada la escasez de divisas y el bloqueo financiero impuesto por Estados Unidos.
El núcleo del sistema era Cyberstride, un software diseñado para analizar datos provenientes de centros de producción, como fábricas. Utilizaba técnicas de predicción estadística bayesiana para identificar cambios significativos y determinar si los datos indicaban tendencias, saltos repentinos o anomalías temporales. Este sistema se actualizaba conforme recibía nueva información, permitiendo al gobierno reaccionar más rápidamente ante cualquier problema en lugar de esperar largos informes mensuales o anuales.
Impacto y Limitaciones de Cybersyn
El proyecto también incluía CHECO, un simulador de la economía chilena concebido como un laboratorio experimental donde los funcionarios del gobierno podían probar diferentes políticas y observar sus posibles efectos antes de implementarlas. En marzo de 1972, el equipo chileno creció de 10 a 35 personas y comenzó a trabajar en la versión definitiva del sistema. En ese momento, el proyecto adoptó el nombre de Cybersyn, una fusión de “cibernética” y “sinergia”, y en español también se le conoció como SYNCO, Sistema de Información y Control.
En resumen, Cybersyn se articuló en torno a cuatro componentes principales: la red de télex, el software Cyberstride, el simulador económico CHECO y una sala de operaciones, que se convirtió en la imagen más icónica del proyecto. Beer describió esta sala como una máquina de control donde los humanos y las máquinas mantenían una relación simbiótica. El presidente Allende visitó el prototipo de esta sala a finales de 1972.
El sistema fue puesto a prueba durante el paro de camioneros de octubre de ese año, el cual amenazaba con paralizar la economía y crear condiciones propicias para un golpe de Estado. El gobierno amplió la red de télex para coordinar la distribución de bienes esenciales, logrando transmitir alrededor de 2000 mensajes diarios y permitiendo identificar carreteras bloqueadas, localizar camiones y dirigir recursos a donde más se necesitaban. Sin embargo, la experiencia también evidenció las limitaciones de Cybersyn. Para Fernando Flores, el sistema aún era incapaz de abordar problemas más complejos como la inflación y la falta de crédito externo, mientras que Beer comenzaba a imaginar una aplicación más amplia de la cibernética en la que los trabajadores pudieran participar directamente en el funcionamiento del sistema.
Un Legado de Innovación y Reflexión
En agosto de 1973, un nuevo paro de camioneros volvió a poner a prueba la red. Aunque Cybersyn pudo identificar recursos y rutas disponibles, no pudo evitar los ataques físicos contra los vehículos y otros medios de transporte. Un mes después, la crisis política culminó en el violento desenlace que todos conocemos. Días antes del golpe militar que puso fin al gobierno de Allende, este pidió trasladar la sala de operaciones al Palacio de La Moneda, pero el traslado nunca se concretó. Así, el experimento chileno de utilizar la cibernética para una planificación central más eficiente concluyó junto con el gobierno que lo impulsó.
Lejos de ser un simple pie de página en la historia política, económica o tecnológica de América Latina, el “internet socialista” de Allende ofrece varias lecciones relevantes para las nuevas generaciones en la era digital. La periodista Laís Martins resalta estas lecciones: la importancia de la soberanía tecnológica, la gestión de nuestros datos, y la capacidad de imaginación. En lugar de depender de soluciones externas, los gobiernos deberían desarrollar su propio software adaptado a sus necesidades. Además, la historia de Cybersyn demuestra que este proyecto no es solo un antecedente olvidado del big data, sino una historia de innovación y pensamiento creativo que nos invita a cuestionarnos sobre la dirección actual del desarrollo tecnológico en América Latina.
Hoy en día, podríamos mencionar a PEGASO, la supercomputadora de Brasil, o a Coatlicue, la próxima supercomputadora de México, como ejemplos del potencial tecnológico en la región. Sin embargo, como señala Martins, las grandes empresas tecnológicas tienen un control tan arraigado que se necesitaría más que una supercomputadora para liberarse de su influencia. Quizás

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