27 de septiembre de 2026

Trump afirma que la Luna es propiedad de Estados Unidos: ¿una declaración seria o un error monumental?

Este domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó su cuenta de Truth Social para compartir una serie de publicaciones generadas por inteligencia artificial que variaban desde lo absurdo hasta lo provocador. Entre ellas, se encontraba una propuesta que renombraba el estado de Nuevo México como “Nueva América” y sugerencias de uniformes para la Fuerza Espacial inspirados en el Imperio Galáctico de Star Wars. Sin embargo, una de las imágenes que más llamó la atención fue la que mostraba la Luna acompañada de la frase “La Luna es nuestra”, junto con un icono de la bandera estadounidense. Esto plantea la pregunta: ¿realmente está bromeando? Estados Unidos no tiene derechos sobre la Luna, ¿o sí?

Para muchos de sus seguidores, estas publicaciones son simplemente bromas provocativas que no deben ser tomadas en serio. Argumentan que el presidente está “trolleando” al público, utilizando su característico sentido del humor. Sin embargo, los antecedentes de Trump, como su insistencia en anexar Groenlandia, renombrar el golfo de México como “golfo de América” y su constante hostigamiento a Canadá, sugieren que sus comentarios pueden estar más fundamentados de lo que parecen. A esto se suma su intención de celebrar los 250 años de Estados Unidos con un evento de artes marciales mixtas. Así, las peculiares ocurrencias de Trump en redes sociales parecen tener un trasfondo más serio, lo que lleva a la especulación de que realmente podría considerar que la Luna debería ser un territorio estadounidense.

La Luna y el Tratado del Espacio Exterior

Existen personas en Estados Unidos que creen que la Luna debería ser parte del país, argumentando que fueron los primeros en pisar su superficie. El histórico momento en 1969, cuando Neil Armstrong plantó la bandera estadounidense, se considera un símbolo poderoso en el contexto de la carrera espacial contra la Unión Soviética. Sin embargo, este acto fue meramente simbólico y no otorga soberanía sobre el satélite.

El Artículo II del Tratado del Espacio Exterior de 1967 establece que el espacio ultraterrestre, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no puede ser objeto de apropiación nacional mediante reclamación de soberanía, ocupación o cualquier otro medio. Este tratado, que fue firmado y ratificado por Estados Unidos y la Unión Soviética, junto con numerosos otros países, tiene como objetivo prevenir que la carrera espacial se convierta en un nuevo colonialismo, declarando que el espacio es “patrimonio de toda la humanidad” y debe ser utilizado en beneficio de todas las naciones, independientemente de su nivel de desarrollo tecnológico. Por lo tanto, la afirmación de Trump de que la Luna es de Estados Unidos carece de fundamento legal.

Recursos lunares y su legalidad

A pesar de que el Tratado del Espacio Exterior prohíbe la apropiación territorial de la Luna, la cuestión de la extracción de recursos lunares es más compleja y polémica. Aunque el tratado no aborda directamente si un país o empresa puede poseer los recursos extraídos, este vacío legal ha sido interpretado por varios actores a su favor. En 2015, Estados Unidos aprobó la Ley de Competitividad para el Lanzamiento Espacial Comercial, que permite a sus ciudadanos y empresas poseer y comercializar recursos extraídos del espacio, argumentando que esto no implica reclamar soberanía sobre el cuerpo celeste, sino sobre los materiales extraídos de él.

Además, Estados Unidos ha promovido los Acuerdos Artemisa, un marco no vinculante firmado por más de 40 países que busca establecer normas para la extracción de recursos espaciales. Sin embargo, Rusia y China no han suscrito estos acuerdos, argumentando que violan el espíritu del tratado original de 1967.

Posibilidades de un cambio en la política espacial

¿Podría Estados Unidos retirarse del Tratado del Espacio Exterior? Aunque técnicamente es posible, esto sería extremadamente complicado y poco probable en la práctica. Tal acción implicaría un gran costo diplomático y podría dañar la reputación internacional del país, dado que fue uno de los principales promotores del tratado en el contexto de la Guerra Fría. Además, muchas disposiciones del tratado se consideran parte del derecho internacional consuetudinario, por lo que una retirada no eximiría a Estados Unidos de sus obligaciones bajo la ley internacional.

Un retiro unilateral podría desencadenar una carrera espacial desregulada, incentivando a otras potencias a hacer reclamos territoriales o militares, lo cual sería contrario a los intereses estratégicos y de seguridad de Estados Unidos. Así, el futuro del tratado dependerá en gran medida del éxito del programa Artemis y su capacidad para establecer una presencia sostenida en la Luna.

El legado lunar de Estados Unidos

A pesar de no poseer la Luna, Estados Unidos puede jactarse de ser el primer país en haber pisado su superficie, un logro que ha dejado una huella indeleble en la cultura popular y la historia. Este hito ha sido celebrado en numerosas manifestaciones artísticas, y el país continúa liderando investigaciones y proyectos relacionados con la Luna, mostrando un claro compromiso por regresar con astronautas. Este paso es considerado esencial para futuros planes de exploración, incluida la misión a Marte. Aunque China también busca alcanzar estos objetivos, hasta ahora no ha mostrado los mismos avances que la NASA y sus socios comerciales.

En conclusión, aunque no existe una propiedad formal sobre la Luna, bajo la lógica de que “la casa es de quien la ocupa”, podría decirse que Trump no está tan alejado de la realidad cuando afirma que la Luna es de Estados Unidos. Quizás solo desee ponerle un nuevo nombre.