26 de octubre de 2026

Descubre las Causas Detrás de la Disminución de la Fecundidad en México: Menos Hijos, Nuevas Realidades

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Alfonso, un hombre de 32 años, se siente satisfecho con su situación económica actual. No obstante, considera que no está preparado para asumir la paternidad. Entre sus razones, menciona la economía, pero también reflexiona sobre las múltiples responsabilidades que conlleva ser padre. En una entrevista, comparte: «No quiero idealizar la llegada de un hijo sin estar verdaderamente listo, no solo en lo financiero, sino en muchos otros aspectos que implican este rol».

Por otro lado, Karen Hernández, de 27 años, ha tomado una decisión radical: desde los 19 años ha estado segura de que no desea ser madre. Para ella, priorizar su desarrollo personal y las relaciones con las personas que ama es fundamental. Además, critica que las responsabilidades parentales siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres, en un contexto donde persisten problemas como la brecha salarial y la violencia de género. «Conforme pasa el tiempo, mi decisión se reafirma», expresa.

Las elecciones de Alfonso y Karen, aunque distintas, forman parte de un cambio significativo que se refleja en las estadísticas nacionales. La Encuesta Intercensal 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revela que la tasa global de fecundidad en México ha disminuido de 1.9 hijos por mujer en 2019 a 1.2 en 2024. Esta cifra representa un promedio que estima cuántos hijos tendría una mujer a lo largo de su vida reproductiva.

Un descenso notable en la fecundidad en México

Óscar Vela, profesor de Economía en el Tecnológico de Monterrey, destaca que una de las características distintivas de México es la rapidez con la que ha descendido la tasa de fecundidad. «Lo que más sorprende del caso mexicano y, en general, de varios países latinoamericanos, es la velocidad de esta caída», señala. En comparación, otros países han experimentado cambios similares en un periodo de una a dos décadas.

Para entender por qué la fecundidad está disminuyendo tan rápidamente en México, es necesario considerar diversas causas. Expertos en economía, demografía y otras áreas investigan factores como el costo de la vivienda, el acceso a la educación, las condiciones laborales, las dinámicas de pareja y los cambios culturales relacionados con la maternidad y la paternidad. “No hay una única explicación ni un consenso entre los investigadores; lo que hay son múltiples factores que pueden influir, cada uno con su relevancia dependiendo del contexto del país”, explica Vela.

El Estado de la Población Mundial 2025 del Fondo de Población de las Naciones Unidas indica que el 21% de los encuestados en México no puede tener el número de hijos deseado, siendo las dificultades económicas la principal barrera mencionada. Otros factores incluyen la inseguridad laboral, el alto costo de la vivienda, problemas de salud, la incertidumbre global y la dificultad para encontrar una pareja adecuada.

El impacto de las redes sociales en la decisión de ser padres

Vela también menciona que se están investigando los efectos de las redes sociales en cómo las personas se conocen, forman parejas y mantienen relaciones. Existe la hipótesis de que estas plataformas pueden estar contribuyendo a que las personas retrasen la decisión de tener hijos. Sin embargo, aún se requiere más investigación para determinar la magnitud de esta influencia.

La educación es otro aspecto crucial en el análisis de la disminución de la fecundidad. Los datos de INEGI revelan una correlación entre el nivel educativo y la cantidad de hijos. En 2025, las mujeres sin escolaridad tenían un promedio de 4.9 hijos, mientras que aquellas que habían alcanzado educación media superior o superior solo 1.2. Esta diferencia puede estar relacionada con las oportunidades que se presentan fuera del hogar.

Vela agrega que el aumento en la igualdad y el acceso al mercado laboral para las mujeres hace que la decisión de tener más hijos compita con el desarrollo profesional. Sin embargo, esta situación se complica ante la desigualdad en la distribución de las tareas del hogar. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 muestra que las mujeres dedican, en promedio, 39.7 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados, mientras que los hombres sólo 18.2 horas.

La carga de responsabilidades en la maternidad

Mariana García Crisóstomo e Irékani Alarcón Acosta, investigadores del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), describen esta acumulación de responsabilidades como una «avalancha de cuidados». Estas tareas, que recaen mayormente sobre las mujeres, a menudo se consideran una parte normal de la maternidad y pueden influir en la decisión de tener hijos. La falta de una distribución equitativa de los cuidados genera tensiones entre la maternidad y otros aspectos de la vida de las mujeres.

Además, el costo de criar hijos va más allá de lo básico como alimentación y ropa. Vela señala que, aunque algunos de estos gastos pueden ser más asequibles hoy en día, las expectativas sobre lo que significa criar bien han evolucionado. Las madres y padres ahora consideran aspectos como la calidad de la alimentación y la educación, lo que puede incrementar significativamente los gastos asociados con la crianza.

Transformaciones en las expectativas de crianza

Una revisión de la OCDE sobre tendencias de fecundidad resalta cómo las expectativas sobre la crianza han aumentado. Los padres con mayor nivel educativo dedican más tiempo a la crianza, lo que también implica un costo en tiempo y atención que podría destinarse a actividades laborales o personales. Esta realidad se vuelve más compleja cuando las tareas de cuidado siguen recayendo principalmente en las mujeres.

América Latina está experimentando un cambio similar al de México. Según el Observatorio Demográfico 2025 de la CEPAL, la región ha visto caer el promedio de hijos por mujer de 5.8 en 1950 a 1.8 en 2024. Vela aclara que una tasa de 2.1 hijos por mujer es necesaria para mantener una población estable a largo plazo, y la región ya se encuentra por debajo de ese umbral.

La comparación con otras economías ayuda a entender la rapidez del cambio. Por ejemplo, España experimentó una caída de 1.9 a 1.2 hijos por mujer en poco más de una década, mientras que Corea del Sur tardó cerca de 20 años en lograr un descenso similar. Tradicionalmente, las tasas de fecundidad bajas se asociaban a países de altos ingresos con poblaciones envejecidas, pero la situación en América Latina está ampliando esta percepción.

Implicaciones políticas y sociales de la baja fecundidad

A pesar de que la disminución de los nacimientos no implica una reducción inmediata de la población, sí altera gradualmente su composición. Las generaciones más pequeñas junto con el aumento de la esperanza de vida hacen que la proporción de adultos mayores crezca. La Encuesta Intercensal del INEGI indica que, entre 2020 y 2025, la edad media de la población mexicana ha aumentado de 29 a 32 años.

Este cambio demográfico también plantea desafíos en términos de demanda de pensiones, atención médica y cuidados. Vela enfatiza que el impacto de estos cambios dependerá del nivel de productividad de la población activa. «La capacidad de un país para enfrentar transformaciones demográficas está íntimamente relacionada con la productividad de su población», añade.

Por otra parte, la forma en que las personas alcanzan la vejez también es crucial. Iniciativas para mejorar la salud pública, la nutrición y la actividad física pueden ayudar a las personas a mantener su autonomía durante más tiempo. Una población de mayor edad también creará nuevas necesidades en términos de atención domiciliaria, rehabilitación y tecnología adaptada a esta etapa de la vida.

La necesidad de comprender los cambios demográficos

A pesar de que cualquier aumento en las tasas de natalidad tardaría décadas en reflejarse en la estructura poblacional, es fundamental que México comprenda los cambios demográficos actuales. Vela concluye: «Un país debe primero entender los cambios que estamos experimentando y, a partir de esa comprensión, pensar en cómo adaptarse mejor a los desafíos futuros».

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