26 de octubre de 2026

Cómo el estrés crónico afecta tu corazón sin que te des cuenta

La inflamación es una de las respuestas fundamentales del sistema inmunitario, diseñado para proteger nuestro organismo. Ante la presencia de infecciones bacterianas o lesiones, el cuerpo reacciona con enrojecimiento, hinchazón y un aumento de temperatura, síntomas que generalmente desaparecen una vez que la función defensiva se ha completado. Sin embargo, existe un fenómeno menos visible pero igual de importante: la inflamación crónica. Este tipo de inflamación puede persistir indefinidamente, y se ha vinculado a diversas enfermedades, incluyendo el cáncer y la diabetes. Recientemente, se ha comenzado a considerar su papel en el inicio y progresión de enfermedades cardiovasculares, como la arteriosclerosis y la insuficiencia cardíaca.

A pesar de la creciente preocupación por la inflamación crónica, los mecanismos a través de los cuales esta afecta la estructura del corazón no estaban del todo claros a nivel poblacional. Un estudio realizado por un equipo de investigadores del Imperial College de Londres ha arrojado luz sobre este asunto. En este estudio a gran escala, que incluyó a aproximadamente 480,000 personas, se descubrió que la «inflamación oculta», aquella que no presenta síntomas evidentes, podría estar modificando la estructura cardíaca y aumentando el riesgo de enfermedades del corazón.

Investigación a gran escala sobre la inflamación oculta

Declan O’Regan, autor principal del estudio y profesor en el Imperial College, destacó la magnitud de la investigación, sugiriendo que millones de personas podrían estar viviendo con esta inflamación no diagnosticada. Esta situación podría estar causando cambios sutiles pero significativos en el corazón, incrementando así el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares.

El estudio se basó en datos del Biobanco del Reino Unido, que compila información sobre muestras de sangre, genética, hábitos de vida e historial médico de cerca de 500,000 individuos entre 40 y 69 años. Los participantes se inscribieron entre 2006 y 2010, y el equipo utilizó el GlycA (acetilglicoproteína) como marcador de inflamación crónica. Este indicador refleja las cadenas de azúcares en diversas proteínas inflamatorias y se mide a través de espectroscopia de resonancia magnética nuclear (RMN), presentando menos variaciones en el tiempo que otros marcadores más convencionales.

Resultados del análisis y su implicación en la salud cardiovascular

Los investigadores analizaron datos de 488,079 personas, extrayendo 33 indicadores de imágenes de resonancia magnética cardíaca en 70,809 de ellas. Estos indicadores incluían medidas del volumen de las aurículas y ventrículos, el grosor de las paredes cardíacas y la rigidez vascular. Adicionalmente, se incorporaron 16 indicadores del electrocardiograma para establecer relaciones entre los niveles de inflamación crónica y la morfología y función cardíaca.

Los hallazgos revelaron que a mayor inflamación crónica, medida a través del GlycA, existía una tendencia hacia la reducción del volumen ventricular, el engrosamiento de las paredes cardíacas y una disminución en la capacidad de llenado durante la diástole. También se notó un aumento en la frecuencia cardíaca, interpretado como una respuesta compensatoria ante la disminución del gasto sistólico provocada por los cambios estructurales en el corazón.

Además, se observó que los individuos con niveles de GlycA en el 20% más alto tenían un 43% más de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares graves, en comparación con aquellos en el 20% inferior. Estos resultados subrayan la importancia de identificar y manejar la inflamación crónica para prevenir complicaciones cardíacas a largo plazo.

Factores de estilo de vida y su relación con la inflamación

El equipo de investigación también examinó 80 proteínas asociadas con la respuesta inflamatoria para entender cómo la inflamación crónica afecta la estructura del corazón. Se sugirió que vías de señalización como el TNF (factor de necrosis tumoral) y la IL-1 (interleucina) juegan un papel crucial en este proceso. Por ejemplo, una molécula conocida como «proteína antagonista del receptor de IL-1» explicó un 27% de la relación entre los niveles de GlycA y la disminución del volumen ventricular izquierdo.

Los investigadores identificaron diversos factores que contribuyen a la inflamación crónica, incluyendo la composición de grasa corporal, el tabaquismo, el estado mental y el nivel socioeconómico. Curiosamente, se encontró que los factores vinculados a un mayor nivel socioeconómico, la actividad física y una dieta saludable presentaban una correlación negativa con los niveles de GlycA. O’Regan comentó que los resultados revelaron la sorprendente conexión entre factores sociales y de salud mental con la inflamación y el daño cardíaco.

Influencia genética y su relevancia en los riesgos cardiovasculares

Al analizar la interacción entre factores ambientales y la predisposición genética, se identificaron 101 combinaciones donde el riesgo genético modificaba la relación con la inflamación, así como 49 combinaciones en las que influía en el riesgo de eventos cardiovasculares. Por ejemplo, se observó que en entornos laborales desfavorables, un mayor riesgo genético intensificaba la conexión tanto con los niveles de GlycA como con los riesgos cardiovasculares.

Es importante señalar que aunque las personas con predisposición genética o en entornos desfavorables no necesariamente desarrollan enfermedades cardíacas, la combinación de análisis de inflamación y riesgo genético podría ser útil para identificar a aquellos que se beneficiarían de una intervención temprana. O’Regan enfatizó que, aunque combatir las desigualdades en salud sigue siendo un desafío, existen medidas que se pueden tomar para reducir la inflamación, como la disminución de factores de riesgo como el tabaquismo y la obesidad.

Finalmente, es relevante mencionar que, dado que el 95% de los participantes en el biobanco se autodefinieron como personas blancas, se debe tener cautela al extrapolar estos resultados a otras poblaciones. Aunque el análisis sugiere una asociación estadística, no establece una relación causal directa. Además, la medición del GlycA a través de RMN aún no se ha incorporado a la práctica clínica habitual.