América Latina se enfrenta a un panorama preocupante en cuanto a la degradación de la tierra. La transformación de suelos para la agricultura intensiva y la ganadería extensiva ha llevado a la desertificación de extensas áreas. Además, la crisis climática y fenómenos como El Niño agravan los efectos negativos sobre los suelos. Las consecuencias de esta degradación son palpables en la vida cotidiana: disminución del acceso al agua, reducción de la producción alimentaria, un incremento en el riesgo de incendios, y en última instancia, el desplazamiento de comunidades enteras.
En este contexto crítico, la región participará en la 17ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD), que se llevará a cabo en Ulán Bator, Mongolia, del 17 al 28 de agosto. La conferencia tiene como objetivo explorar estrategias para la restauración de suelos. Este tratado internacional, que involucra a 197 países, establece la obligación de gestionar de manera sostenible la tierra para garantizar el acceso a alimentos, agua y oportunidades económicas para todos. Es parte de las tres Convenciones de Río, junto a las de biodiversidad y cambio climático, firmadas en la Cumbre de la Tierra de 1992 en Brasil, que también celebrarán sesiones a finales de 2026.
Enfoque en la restauración del suelo
Este año, los países discutirán alternativas y soluciones a la degradación de la tierra, destacando el papel crucial de los pastizales como ecosistemas que pueden ser aliados en la gestión sostenible de suelos afectados por la desertificación. Expertos en cambio climático y salud destacan los acuerdos y mecanismos que se abordarán en la COP17, así como los desafíos que enfrentan las naciones latinoamericanas más vulnerables a este fenómeno.
La pérdida de cultivos y la inseguridad alimentaria son consecuencias directas de la degradación de la tierra. En América Latina y el Caribe, la agricultura familiar es fundamental, representando cerca del 50% de la superficie dedicada a la producción de alimentos. Yasna Palmeiro Silva, investigadora en cambio climático, señala que la amenaza se intensifica en la región debido a la combinación de la degradación del suelo y fenómenos climáticos como El Niño, que históricamente provoca sequías y temperaturas más altas en diversas áreas del continente.
Desplazamientos y crisis alimentaria
Palmeiro menciona que, en el Corredor Seco de Centroamérica, la seguridad alimentaria y el acceso al agua se han visto gravemente afectados, llevando a muchas comunidades a abandonar sus hogares. Este problema no es exclusivo de Centroamérica; regiones como el Cerrado brasileño, la Amazonía, el Chaco sudamericano y Coquimbo en Chile también están sufriendo las consecuencias de la sobreexplotación de recursos hídricos y la degradación del suelo.
La transformación del uso del suelo ha llevado a muchas personas a depender de camiones cisterna para obtener agua, lo que genera una inseguridad hídrica alarmante. La agricultura, que alguna vez fue la base de su sustento, ya no proporciona suficiente alimento ni ingresos. Esta situación ha obligado a las comunidades a cambiar de actividad económica, afectando su bienestar y calidad de vida.
El Niño y sus efectos multiplicadores
El fenómeno de El Niño, que provoca sequías e incendios, se ve exacerbado por la actividad humana y la degradación del suelo. Los expertos advierten que, a medida que la crisis climática se intensifica, las interacciones entre estos factores generan un ciclo destructivo. Para 2026 se anticipa un aumento en la frecuencia de incendios severos en ciertas áreas de América Latina, lo que representa un riesgo elevado para muchas comunidades.
El Niño ha demostrado su conexión con patrones de lluvia y sequía en la región, afectando de manera desproporcionada a países como México, Perú, Ecuador, así como a varias zonas de Chile y Uruguay. Las sequías impactan en Centroamérica y el norte de Brasil, Colombia y Venezuela, generando un contexto de vulnerabilidad que se ve acentuado por la degradación ambiental.
Desafíos en salud y bienestar
La combinación de estos factores no solo afecta la producción agrícola, sino también la salud pública. Durante el fenómeno de El Niño 2023-2024, América Latina experimentó un aumento significativo en los casos de dengue, especialmente en Brasil y Paraguay, así como un incremento alarmante en muertes asociadas a olas de calor. Estos efectos pueden tener un rezago, ya que otras enfermedades pueden surgir semanas o meses después de eventos climáticos extremos.
Los sistemas de salud de la región no están preparados para enfrentar estos desafíos acumulativos, ya que fueron diseñados bajo condiciones climáticas que han cambiado drásticamente. La capacidad de respuesta a esta nueva realidad dependerá de las decisiones políticas y estratégicas que se implementen en el futuro.
Medidas necesarias en la COP17
Un enfoque clave que la ONU ha promovido para combatir la desertificación es la neutralidad en la degradación de la tierra (LDN), que busca frenar la erosión del suelo y revertir los daños en el 70% de las tierras no cubiertas por hielo antes de 2030. Los países firmantes se han comprometido a implementar diversas medidas, incluida la restauración de mil millones de hectáreas para esa fecha.
Ana Di Pangracio, directora ejecutiva adjunta de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), destaca la importancia del nuevo Fondo de Inversión para la Resiliencia a la Sequía, el cual busca fomentar la agricultura sostenible y mejorar el acceso al agua. Se espera que se presenten informes iniciales sobre el estado de este fondo y su implementación durante la COP17.
Participación de comunidades indígenas
La participación de pueblos indígenas y comunidades locales en la COP17 será crucial, ya que se busca avanzar en la creación de un Caucus que permita a estos grupos articular sus posiciones y necesidades en los espacios de negociación política. Este enfoque es significativo, ya que promueve una inclusión más efectiva en el proceso de toma de decisiones y seguimiento de la implementación de políticas relacionadas con la desertificación.
A pesar de que estos mecanismos no tienen poder de decisión directo, pueden servir como plataformas para que las prioridades de América Latina, como derechos territoriales y restauración de ecosistemas, tengan mayor visibilidad y peso en los debates de la COP.
La importancia de los pastizales y sabanas
A menudo, se ha puesto el foco en la conservación de los bosques, mientras que los pastizales y sabanas han sido subestimados, a pesar de su vital rol en la producción de alimentos y la salud del suelo. Gabriel Quijandría, director regional de UICN para América del Sur, señala que estos ecosistemas representan aproximadamente el 33% de la biodiversidad en la región, y su potencial para la captura de carbono y la conservación de la naturaleza es enorme.
Los pastizales desempeñan funciones ecológicas, productivas y sociales que son críticas, incluyendo la formación de suelos, almacenamiento de carbono, regulación del agua y reducción de la erosión, además de sostener una variedad de especies. Estos ecosistemas son la base para sistemas ganaderos y son fundamentales para la economía de cerca de 30 millones de personas en la región.
La UICN ha identificado tres principales amenazas a la salud de los pastizales: la expansión agrícola, el manejo inadecuado del ganado y la crisis climática. La conversión de pastizales naturales en cultivos representa una de las mayores preocupaciones, ya que no solo se pierde vegetación, sino que se fragmentan hábitats y se degradan suelos.
La COP17 ofrece una oportunidad valiosa para elevar la importancia de los pastizales y sabanas en el contexto de la adaptación al cambio climático y la búsqueda de soluciones. América Latina, con su vasta extensión de estos ecosistemas, puede fomentar un liderazgo en la restauración y conservación de su biodiversidad y recursos naturales.

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